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DIGESTIVO


La enfermedad de Crohn es un proceso inflamatorio crónico del tubo digestivo. Aunque puede afectar cualquier parte del tubo digestivo desde la boca hasta el ano, más comúnmente afecta la porción más baja del intestino delgado (íleon) o el intestino grueso (colon y recto)

La enfermedad de Crohn comienza lentamente y normalmente empeora con el tiempo. Puede haber períodos de cese de la enfermedad que pueden durar semanas o años.

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Enfermedad de Crohn


La enfermedad de Crohn es un tipo de enfermedad inflamatoria del intestino. Existen otros dos tipos comunes de enfermedades inflamatorias del intestino como la colitis ulcerosa y el colon irritable.

El origen de la enfermedad de Crohn no está del todo claro, aunque parece evidente que los desencadenantes pueden ser factores genéticos hereditarios y autoinmunitarios.

Desde hace unos años, se observa en España una tendencia al alza de los casos de enfermedad de Crohn, queda ahora por dilucidar si es por nuevos diagnósticos o por aumento de la patología. Los médicos, por el momento desconocen la razón por la que se está volviendo más frecuente.

La enfermedad de Crohn se suele presentar en personas de entre 20 y 29 años, con antecedentes familiares de enfermedad inflamatoria intestinal, fumadoras. El tipo de sexo no está ligado con la enfermedad.

Síntomas y Diagnóstico de la Enfermedad de Crohn


Debido a que la enfermedad de Crohn puede afectar cualquier parte del intestino, los síntomas pueden ser muy distintos entre un paciente y otro.

Los síntomas comunes incluyen cólicos, dolor abdominal, diarrea, fiebre, pérdida de peso e hinchazón. No todos los pacientes presentan todos estos síntomas, y algunos no tienen ninguno de ellos. Otros síntomas pueden ser: náuseas, anemia, enrojecimiento o dolor en los ojos, dolor anal o secreción, lesiones de la piel, abscesos rectales, fisuras y dolor de articulaciones (artritis)

Para realizar un diagnóstico certero de la enfermedad de Crohn, los médicos realizan varias pruebas y una serie de preguntas al paciente.

Exploración física

  • Comprobación de hinchazón abdominal.
  • Análisis de sonidos intestinales.
  • Evaluación del tamaño y forma de hígado y bazo.

Pruebas diagnósticas

  • Pruebas de laboratorio
  • Endoscopia intestinal: colonoscopia, endoscopia esofagogastroduodenal, enteroscopia, endoscpia por cápsula.
  • Estudio de tránsito esofagogastroduodenal
  • Tomografía computarizada (TC)
  • Descarte de colitis ulcerosa, diverticulitis o cáncer.

Pruebas de laboratorio

  • Análisis de sangre.
  • Análisis de heces.
+ INFORMACIÓN

El tratamiento inicial es casi siempre con medicamentos. No existe una “cura” para la enfermedad de Crohn; sin embargo, la terapia médica con uno o más fármacos proporciona un medio para tratar la enfermedad en su etapa temprana y aliviar los síntomas. Los fármacos que se recetan más comúnmente son corticoesteroides, como prednisona y metilprednisolona y varios agentes antiinflamatorios.

Otros fármacos usados en ocasiones incluyen 6-mercaptopurina y azatioprina, que son inmunodepresores. El metronidazol, un antibiótico con efectos en el sistema inmunitario, suele ser de utilidad para las personas que tienen una enfermedad anal.

En los casos más avanzados o complicados de la enfermedad de Crohn, puede recomendarse la cirugía. La cirugía de emergencia es necesaria a veces cuando se presentan complicaciones con la enfermedad de Crohn, tales como una perforación del intestino, obstrucción (bloqueo) del intestino o hemorragia considerable. Otras señales menos urgentes de la necesidad de cirugía pueden incluir la formación de abscesos, fístulas (comunicaciones anormales del intestino), enfermedad anal grave o persistencia de la enfermedad a pesar del tratamiento adecuado con fármacos.

También es importante el uso de probióticos orales como  VITAPLUS® i50M (productos con una combinación de diez probióticos específicos) que tienen efecto antiinflamatorio y previenen la aparición de los síntomas de la enfermedad de Crohn.

No todos los pacientes que tienen estas u otras complicaciones necesitan cirugía. La consulta con el gastroenterólogo y el cirujano de colon y recto ayuda a tomar una mejor decisión.

  • Obstrucción intestinal. Como consecuencia de las sucesivas cicatrizaciones de heridas producidas en el instestino, la forma y la luz del intestino pueden cambiar, llegando a producirse bloqueos parciales o completos, que bloquean los alimentos y heces, pudiendo producirse una rotura del asa intestinal.
  • Fístulas. Creando uniones anormales entre órganos o entre un órgano y el exterior del cuerpo, llegando a infectarse.
  • Abscesos. Cuando la inflamación atraviesa la pared de los intestinos, también pueden formarse abscesos. Los abscesos son cavidades hinchadas e infectadas, llenas de pus que causan dolor.
  • Fisuras anales. Las fisuras anales son pequeños desgarros en el ano que pueden causar picazón, dolor o sangrado.
  • Úlceras. La inflamación en cualquier lugar del tubo digestivo puede resultar en úlceras o llagas abiertas en la boca, los intestinos, el ano o el perineo.
  • Pérdida casi total de la microbiota intestinal en extensas zonas del intestino.
  • Deshidratación.
  • Desnutrición. La desnutrición se presenta cuando el cuerpo no recibe la cantidad correcta de vitaminas, minerales y nutrientes que necesita para mantener los tejidos sanos y la función de los órganos.
  • Inflamación en otras áreas del cuerpo. Se puede tener inflamación en las articulaciones, los ojos y la piel.

La deshidratación es peligrosa y más aún en ancianos y bebés menores de 1 año. Los signos de la deshidratación son: orina oscura y escasa, bajada brusca de la tensión arterial, taquicardias, cansancio, desorientación, sequedad en la boca…

Por ello cuando se tiene un brote y las diarreas son severas, es necesario tomar de forma continua líquidos o soluciones de rehidratación oral, especialmente desarrolladas para estos procesos. No tomar zumos de frutas, bebidas gaseosas o refrescantes de supermercado que no estén específicamente recomendadas por un farmacéutico o médico.

En ocasiones, el intestino grueso se irrita tanto al perder su capa protectora de bacterias que llega a inflamarse causando diarreas severas sanguinolentas o con mucosidad.

Si la diarrea es leve, y se están tomando en ese momento antibióticos, no es recomendable cesar el tratamiento ya que los beneficios son superiores al daño originado.

Tomar de forma continua líquidos o soluciones de rehidratación oral, especialmente desarrolladas para estos procesos. No tomar zumos de frutas, bebidas gaseosas o refrescantes de supermercado que no estén específicamente recomendadas por un farmacéutico o médico.

Uso de probióticos específicamente diseñados para revertir los efectos de los antibióticos. Los probióticos son complementos alimenticios disponibles únicamente en farmacia que contienen las bacterias “buenas” que necesita nuestro intestino para formar la microbiota intestinal.

No usar medicamentos que corten la diarrea, por ejemplo loperamida, ya que se puede empeorar la inflamación intestinal, impidiendo que el intestino se vacíe y salgan las heces y bacterias muertas.

Pídale a su médico que le dé recomendaciones y cambios específicos para su alimentación.