PLUSQUAM PHARMA

DIGESTIVO


La mayoría de las personas pueden comer una gran variedad de alimentos sin problemas. No obstante, en un pequeño porcentaje de la población hay determinados alimentos o componentes de alimentos que pueden provocar reacciones adversas, que pueden ser desde pequeñas erupciones hasta reacciones alérgicas graves

DIGESTIVO

Intolerancias Alimentarias


Las reacciones adversas a los alimentos pueden deberse a una alergia alimentaria o a una intolerancia alimentaria. Aunque una de cada tres personas cree que son “alérgicas” a algunos alimentos, la prevalencia real de la alergia alimentaria es tan sólo de un 2% en la población adulta. En la población infantil, la incidencia es superior al 3-7%, aunque la mayoría superan las alergias alimentarias antes de los 6 años.

Alergia o intolerancia alimentaria


La alergia alimentaria es una forma específica de intolerancia a un alimento o uno de sus componentes, que activa el sistema inmunológico. Frecuentemente, las alergias a los alimentos o a sus componentes se heredan, y normalmente se identifican en los primeros años de vida.

La intolerancia alimentaria afecta al metabolismo, pero no al sistema inmunológico. Un buen ejemplo es la intolerancia a la lactosa, que se da en ciertas personas por la carencia de una enzima digestiva llamada lactasa, que descompone el azúcar de la leche.

La intolerancia alimentaria puede tener síntomas similares a los de una alergia (entre ellos náuseas, diarrea y dolor abdominal), sin embargo el sistema inmunológico no interviene en las reacciones que se producen de la misma manera.

La intolerancia alimentaria se da cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes. Mientras que las personas que tienen realmente alergias alimentarias necesitan generalmente eliminar el alimento causante de su dieta, las personas que sufren una intolerancia pueden consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente alimenticio, sin que se den síntomas, excepto en el caso de personas que sean sensibles al gluten.

+ INFORMACIÓN

El tratamiento inicial es casi siempre con medicamentos. No existe una “cura” para la enfermedad de Crohn; sin embargo, la terapia médica con uno o más fármacos proporciona un medio para tratar la enfermedad en su etapa temprana y aliviar los síntomas. Los fármacos que se recetan más comúnmente son corticoesteroides, como prednisona y metilprednisolona y varios agentes antiinflamatorios.

Otros fármacos usados en ocasiones incluyen 6-mercaptopurina y azatioprina, que son inmunodepresores. El metronidazol, un antibiótico con efectos en el sistema inmunitario, suele ser de utilidad para las personas que tienen una enfermedad anal.

En los casos más avanzados o complicados de la enfermedad de Crohn, puede recomendarse la cirugía. La cirugía de emergencia es necesaria a veces cuando se presentan complicaciones con la enfermedad de Crohn, tales como una perforación del intestino, obstrucción (bloqueo) del intestino o hemorragia considerable. Otras señales menos urgentes de la necesidad de cirugía pueden incluir la formación de abscesos, fístulas (comunicaciones anormales del intestino), enfermedad anal grave o persistencia de la enfermedad a pesar del tratamiento adecuado con fármacos.

No todos los pacientes que tienen estas u otras complicaciones necesitan cirugía. La consulta con el gastroenterólogo y el cirujano de colon y recto ayuda a tomar una mejor decisión.

Continuar con los antibióticos: Si la diarrea es leve, no es recomendable cesar el tratamiento ya que los beneficios son superiores al daño originado.

Mantenerse hidratado: tomar de forma continua líquidos o soluciones de rehidratación oral, especialmente desarrolladas para estos procesos. No tomar zumos de frutas, bebidas gaseosas o refrescantes de supermercado que no estén específicamente recomendadas por un farmacéutico o médico.

Uso de probióticos específicamente diseñados para revertir los efectos de los antibióticos. Los probióticos son complementos alimenticios disponibles únicamente en farmacia que contienen las bacterias “buenas” que necesita nuestro intestino para formar la microbiota intestinal.

No usar medicamentos que corten la diarrea, por ejemplo loperamida, ya que se puede empeorar la inflamación intestinal, impidiendo que el intestino se vacíe y salgan las heces y bacterias muertas.

La deshidratación es peligrosa y más aún en ancianos y bebés menores de 1 año. Los signos de la deshidratación son: orina oscura y escasa, bajada brusca de la tensión arterial, taquicardias, cansancio, desorientación, sequedad en la boca…

En ocasiones, el intestino grueso se irrita tanto al perder su capa protectora de bacterias que llega a inflamarse causando diarreas severas sanguinolentas o con mucosidad.